Este poema es un gris refugio
compuesto de palabras de noche,
letra a letra que el alma
forma en su universo entero.
Ya no ser Dios,
tan solo la eternidad nos conmueve,
nos aflige ese ser tan hondo
—y lleno de costumbre—
que todo niega, que todo absorbe.
Mas cito un verso de Pessoa,
que dice «Hoy, en este ocio incierto
sin placer ni razón,
como un túmulo abierto
cierro mi corazón.»
Y entiendo, entiendes:
el presente me tiene abatido.
En todos mis viajes
escucho el silencio de mi latido.
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