pensaments

Babel

No hay torre sin caída, no hay fuego sin chispa, no hay agua sin oxígeno. No hay amor sin oxígeno, chispa ni caída.

Si supieras cuánto te echo de menos, cómo mi olfato está nostálgico de esos días en que disfrutaba en tu cuello, tus pechos, tu sexo. Bajaba por tu cuerpo, lo recorría como si cada una de aquellas veces fuera la última en que lo hiciera, desconociendo cuán pronto acabaría, que no volvería a ver brillar tu cuerpo por las noches. Pensarás que solo recuerdo de ti el sexo y tus huellas, pero no es así, de ti me gusta todo, virtudes y defectos, jaguares y mandalas, tus miedos y tu astucia para cabrearme y buscar mi locura que no encontraré en ningún baile. Te decía que tenía TOC con el orden, la organización, con los objetos bien colocados, que debían estar en línea recta unos con otros, ya fuera en clase, en la cocina o en la calle, pero aquel sinsentido era mi manera de llamar tu atención para que siguieras riéndote de mí, para buscar una manera de seguir conectando contigo y con tu sonrisa, que sigo oyendo por las mañanas, las tardes y las noches de este ardoroso verano. Una sonrisa de ojos cerrados y cabello azabache. Odié la indiferencia de los últimos días en que nos cruzamos, odié que me evitaras, que me rechazaras y que hicieras como si entre tú y yo nada hubiera pasado, odiaba esto por no comprenderlo, por no tener una explicación que viniera de tus labios, que besaría ahora mismo sin dudarlo. Aunque lo entiendo. A veces el silencio es la mejor manera de expresarse. Yo también lo he utilizado y callarse es la mejor solución cuando no salen las palabras. Sé y me dijiste que no querías hablar, que no sabías cómo hablar de todo, que no se te da bien hablar de estos temas, de lo nuestro. Traté de entenderte y te entiendo. Entiendo que quieras estar sola, que anhelas libertad y que quieres… que quieras lo que tú quieras, que así es la vida, una ha de luchar por lo que quiere en esta vida, sin que otros ni otras estropeen este camino pese a cruzarse y compartir vivencias, tiempo y amores de media luna, plantas rotas y besos en Lisboa. Es por esto que desde hoy me prometo no pensar en ti (no tanto como hasta ahora), por hacerte y hacerme justicia, volveré a mí y tomaré el camino por el que tú decidiste virar cuando estábamos juntos. Ha pasado demasiado tiempo, ando por las calles de la ciudad agonizando y pensando que te puedo encontrar entre la gente, escondida, cabello al mar y sonrisa al viento, cruzando una mirada que me destroce y me derrumbe cual torre de Babel, conocimiento roto y olvidado para siempre. Regeneración imposible, perdido entre los muertos, a los treinta y tres murió alguien y pronto me tocará a mí, nada de mesías, solo un humano fragmentado por el amor encontrado entre un gentío que desplaza mi ser hasta tocarte, ya disuelto en polvo y aire. Quiero volver a caminar tranquilo. Quiero verte, pero te quiero, y no quiero volver a verte. Ya no más, si no es para abrazarte.

Disculpa al texto, a la literatura, no al escritor, que él es el culpable de todos sus males, que no quiere ni puede volver a verte si no encuentra la solución a sus defectos. Aunque lo desea en lo más hondo de su corazón, en la capa más exterior de su piel, en todo su cuerpo hay deseo de amarte y abrazarte hasta que se pierda el mañana y las ilusiones se cumplan como la caída de una torre llena de libros. Aunque lo desea…

Él no sabe nada.
Solo sabe de ti.
Sin saber si aún estás ahí.